ERRORES COGNITIVOS, UNA MALA INTERPRETACIÓN DE LA REALIDAD

Los errores cognitivos consisten en la aplicación de esquemas mentales deficientes a la hora de ordenar y trabajar la información que recibimos de nuestro entorno, dando como resultado una mala interpretación de la realidad.

Cada día nos enfrentamos a problemas y situaciones complejas que nos obligan a tomar decisiones para continuar con nuestra vida. Las soluciones que apliquemos deben ser efectivas y para eso se requiere que sean producto de un proceso fiable de comprensión del problema, de saber a dónde quieres llegar y qué obstáculos pueden impedir que lo logres. Si ese proceso es boicoteado por una mala interpretación de la realidad, las conclusiones a las que se lleguen poco tendrán que ver con lo que está ocurriendo, y como consecuencia, las reacciones que tengamos y las decisiones que tomemos no serán válidas, o incluso puede que empeoren la situación. Lo único que se consigue son pensamientos irracionales que serán la base de diferentes trastornos, como el estrés y la ansiedad.

Por lo tanto, los errores cognitivos son la respuesta a preguntas como “¿por qué me siento tan mal?” o “¿por qué todo me sale tan mal?”. También son los causantes de ideas tan terribles como “soy un inútil”, “soy lo peor” o “no valgo para nada”. Y por supuesto, están detrás del “debería haber hecho esto” o “debería ser de tal manera”.

errores cognitivosFoto: Ghost in the Shell – DREAMWORKS SKG

Podemos considerar que los errores cognitivos son uno de nuestros peores enemigos, y además los tenemos viviendo en casa. A base de utilizarlos durante años están tan aprendidos, tan arraigados y surgen de una forma tan natural y automatizada, que se requiere un esfuerzo importante de autocrítica y sinceridad para tumbar estas creencias irracionales. Además, la forma de funcionar de la sociedad que hemos construido los refuerza y los alimenta. Así que, aunque sea complicado, es conveniente desactivarlos y para eso primero hay que identificarlos.

Errores cognitivos más frecuentes

  1. Inferencia arbitraria: consistente en precipitarse en dar una conclusión sin tener los datos suficientes para ello o en descartar interpretaciones alternativas que podrían ser válidas.
  2. Abstracción selectiva: centrarse únicamente en ciertos aspectos concretos de un hecho para llegar a una conclusión precipitada, ignorando a la vez otras características y sin tomar en cuenta información que puede invalidar esa conclusión.
  3. Sobregeneralización: quizá uno de los más habituales y que consiste en crear una norma universal a partir de uno o de unos pocos casos concretos. Esta norma nunca se cuestiona ni se suele comprobar y así siempre se dará por cierta.
  4. Magnificar y minimizar: consistentes en darle mayor o  menor importancia al valor, la intensidad o el significado de un hecho, de una situación o de una característica de una persona en concreto.
  5. Falsa atribución: asumir que uno es la causa directa de un hecho o una situación, normalmente fortuita o independiente de la persona. O al contrario, que la causa se atribuya a otra persona en concreto.
  6. Pensamiento polarizado o dicotómico: en el que las personas y los sucesos se interpretan en términos absolutos, sin considerar que pueden existir grados intermedios. Es un tipo de pensamiento en blanco o negro, todo o nada.
  7. Lectura de pensamiento: en el que uno da por hecho que sabe lo que están pensando los demás y actúa en consecuencia con ello. Suele ocurrir que esos pensamientos que se atribuyen a los otros son en realidad una opinión propia negativa.
  8. Error del adivino: anticipar consecuencias futuras negativas sin ninguna evidencia y darles credibilidad. Se suele utilizar para evitar afrontar situaciones complicadas o no deseadas.
  9. Razonamiento emocional: considerar que las emociones o las sensaciones son prueba suficiente para dar validez a algo.
  10. Imperativo categórico: quizá el más peligroso de todos y que consiste en pensar que uno mismo, los otros o las cosas deben o no deben actuar o ser de cierta manera. Se establecen así normas absolutas y se cierran las posibilidades para otras opciones. Todo ello acompañado de una sobreestimación de lo malo que es no cumplir con esos imperativos tan estrictos y rígidos. Cuando uno no cumple, se genera vergüenza y culpa. Cuando los demás no lo cumplen, ira, frustración y resentimiento.

Toni Mateo
inpside | Psicólogo en Barcelona – Horta

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